lunes, febrero 27, 2006

Más por menos, menos.

Todo vuelve, dicen los más resentidos. Los que intentan en realidad tapar su resentimiento aclarando que no van a intervenir en perjuicio de la persona que en ese momento merezca esa sentencia. Y es tanto peor. Alimentan el resentimiento, soplan adentro del globo que ya no puede más de aire y después se vuelven asesinos seriales o curas de tevé.

En Mad Max hay una clave. Pareciera que en lo que llamamos naturaleza está previsto un equilibrio final. Superpoblación, hambre, guerras, población, reconstrucción, superpoblación. Está claro que el problema es la gente y que, les guste o no, terminan por acomodarse, resistiendo más o menos, al medio que les toca.

Lo mismo pasa con los afetox. Uno no quiere a nadie. De repente se quiere a sí mismo y como por cosa de magia empieza a querer a todos. Si, a vos que escupís los autos que nunca vas a poder tener también. Porque no sabés lo que hacés, te digo desde atrás de mi barba ensangrentada.

En ese punto todo se va de las manos. La sociedad es tan enorme, que no hay nada que yo pueda hacer. Ni muriéndome voy a generar el cambio. Así, de un segundo a otro, detesto a todos, empezando por mí. No puedo ser tan inútil, pienso. Y me apago. Transición hasta que hechos en el tiempo relativizan ese sentimiento y empiezo a estimarme de nuevo, y así.

Pero esto era antes. Ahora existe una diferencia de interpretación que me hace dormir tranquilo. Somos máquinas de amar. Y así de fácil (paré de tipear para chasquear mis dedos) te amo, señor lector. Pero guarda. Que una cosa es el amor solo y otra cosa es el cóctel que lleva un poco de amor y tanto de tantas otras cosas.

Claro que es determinante qué tanto conozco al receptor de los rallos (con "ll") de mi corazón y cerebro. Cuanto más lo conozco más complejo es el sentimiento. Más elementos hay mezclados, más profundo, más concreto.

El elemento que más pesa es el placer. Porque si amo a una persona y su compañía me da placer, quiero pasar más tiempo con ella, conocerla más, amarla todavía más, etc.

Hoy estoy queriéndome mucho y queriendo a unos pocos, mucho mucho.

Conclusión.

miércoles, febrero 01, 2006

Seiscientos y uno

Dicen los libros de la buena administración de empresas que los jefes deben conocer a sus empleados. Saber sus segundos nombres, si tienen hijos, si están contentos. Esto porque al sentirse contenidos, atendidos, cuidados, parte de la cabeza de sus superiores, los empleados verán la retribución más allá de la plata. ¿Qué importa si cobro $800? Si el presidente se acuerda de algunos de mis problemas personales y entiende que no puedo rendir al 100%?

Ok. Mi parte jefe se preocupó mucho de conocer a mi parte empleado. No había plata en la empresa, así que estaba muy muy atento a esos cuidados alternativos. a los "es enorme lo que estás haciendo" a los "¿viste que funciona poner todas las fichas a algo?". Incluso a los debates que incluyeron teorías de mejores finales de mis proyectos anteriores si les ponía la convicción que le puse a este.

Pero el diario de ayer tenía un titular especial: Habría plata. Más adelante en la nota se hablaba de una guerra civil total. y claro, una parte festejaba porque finalmente el reconocimiento palpable, objetivo. Pero otra parte, la parte que había edificado ese megaproyecto del reconocimiento alternativo, tembló de miedo.

Naturalmente, el jefe volverá a ser más jefe. Quizás no tenga tantas consideraciones . Quizás suplante su atención con papelitos, con documentos demostrativos. Publique entonces la novedad para que todo el pueblo lo sepa y entienda que el ciclo 1 terminó y que empieza el 2. Y que dadas las reglas del mercado, esto es más el principio de otra cosa que el fin de algo.

Una prueba permanente. Te dejamos venir si mostrás. Te pagamos si mostrás más.

O un reconocimiento permanente. Te dejamos venir porque sos interesante. Te pagamos porque demostraste.

Puntos de vista. El pueblo opina.

De cualquier modo, sobran las razones para festejar. Es por un lado independencia indiscutible, porque nada debería costar rescindir un contrato laboral. Por otro lado, futuro predecible. Sé que si nos llenamos de gripe aviar y se muere toda mi familia yo sigo viviendo en casa, con el desalojo lejos. Viene además un poco de exigencia de la buena. Mi tiempo vale plata y no ya tiempo de otros. Sigue hablando mi trabajo, sólo que ahora mira más gente. Iremos ganando 3 a 0 pero me meten. Me toca jugar los últimos quince minutos.

Mis buenas ideas pueden valer estabilidad, como siempre quise.
Esa puerta se abre.
Es mucha luz de golpe, por eso lloré.