Más por menos, menos.
Todo vuelve, dicen los más resentidos. Los que intentan en realidad tapar su resentimiento aclarando que no van a intervenir en perjuicio de la persona que en ese momento merezca esa sentencia. Y es tanto peor. Alimentan el resentimiento, soplan adentro del globo que ya no puede más de aire y después se vuelven asesinos seriales o curas de tevé.
En Mad Max hay una clave. Pareciera que en lo que llamamos naturaleza está previsto un equilibrio final. Superpoblación, hambre, guerras, población, reconstrucción, superpoblación. Está claro que el problema es la gente y que, les guste o no, terminan por acomodarse, resistiendo más o menos, al medio que les toca.
Lo mismo pasa con los afetox. Uno no quiere a nadie. De repente se quiere a sí mismo y como por cosa de magia empieza a querer a todos. Si, a vos que escupís los autos que nunca vas a poder tener también. Porque no sabés lo que hacés, te digo desde atrás de mi barba ensangrentada.
En ese punto todo se va de las manos. La sociedad es tan enorme, que no hay nada que yo pueda hacer. Ni muriéndome voy a generar el cambio. Así, de un segundo a otro, detesto a todos, empezando por mí. No puedo ser tan inútil, pienso. Y me apago. Transición hasta que hechos en el tiempo relativizan ese sentimiento y empiezo a estimarme de nuevo, y así.
Pero esto era antes. Ahora existe una diferencia de interpretación que me hace dormir tranquilo. Somos máquinas de amar. Y así de fácil (paré de tipear para chasquear mis dedos) te amo, señor lector. Pero guarda. Que una cosa es el amor solo y otra cosa es el cóctel que lleva un poco de amor y tanto de tantas otras cosas.
Claro que es determinante qué tanto conozco al receptor de los rallos (con "ll") de mi corazón y cerebro. Cuanto más lo conozco más complejo es el sentimiento. Más elementos hay mezclados, más profundo, más concreto.
El elemento que más pesa es el placer. Porque si amo a una persona y su compañía me da placer, quiero pasar más tiempo con ella, conocerla más, amarla todavía más, etc.
Hoy estoy queriéndome mucho y queriendo a unos pocos, mucho mucho.
Conclusión.
