El espejo
Sólo en el fondo, la soledad tiene que ver con lo físico.
Una línea de texto digital puede ser mucho más compañía que un abrazo. Un segundo de recuerdo, incluso inventado, es más que un estadio lleno para devolvernos al lugar seguro.
Muchos buscaron el consuelo en la falsa creencia devenida verdad por repetición de que nacemos y morimos solos. Y no estoy pensando en las condiciones de una madre, en el instinto y esas cosas. Pienso en sintonía y fluidez, para mí tan cerca de la paz, tan sinónimo de felicidad. Claramente no nacemos solos. Y es terrible y hermoso que la vida empiece con la compañía como necesidad. Porque al final, todo lo que se aleje de esa sensación corre el riesgo de pasar por muerte.
"Dormí tranquilo, yo voy a estar al lado". No importa si a los cinco minutos un ovni o un paro cardíaco empuja a haber mentido. Hasta la mañana siguiente no voy a estar solo. Es como mirar tele sentado en el sillón al lado del perro viejo, mirando a cada rato si todavía respira. Mientras respire va a ser, desde su ultrapasividad, la excelente compañía que siempre supo ser.
Es un tema de comunicación, donde tiene que haber receptor, aunque lo estemos inventando. Y teniendo que creernos esta mentira para que funcione, termina siendo una cuestión de fe.
La soledad es la falta de reacción de lo que nos rodea, es perder la capacidad de interactuar, de cambiar la historia. Es el encierro en la modalidad de personalidad más ciega de todas, porque cualquier otra también puede ser buena compañía.
Y dependiendo tanto de interpretaciones, claro que se puede caer en la más absoluta soledad, simplemente por no saber ver la compañía presente. Puedo sentirme tan solo aunque el mundo me jure que puedo contar con él.
Hoy no me siento solo, pero creo haber entendido por primera vez una colección de cosas en mi cabeza que no voy a poder comunicar a corto plazo a los entes de afuera. Quizás de a poco me muestre mejor y sienta una sintonía creciente. Quizás me olvide de esto que escribo y el placer venga por otro lado. Quizás estoy en medio de una catársis que sólo muestra que cuando no me siento como en este momento, tengo compañía envidiable, en cantidad y calidad.
De chico dije "soy la persona más feliz de mi vida". Una frase que de grande me hizo entender lo feliz que era.
Ahora siento que la gente que descarga el camión de fletes está bajando las últimas cosas y que los amortiguadores vuelven a descansar, y ya pronto arrancamos hacia otro lado. Quizás a casa, quizás a algún trabajo peor. Pero qué sana es la incertidumbre. Por eso es tan importante envolver los regalos de los chicos.
A los que dicen que hay que aprender a estar solo, les digo que la única manera de llevarse bien con la soledad es confiar en que se va a terminar. Me pasa con la lluvia. Hace rato que no llueve.

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