martes, marzo 11, 2008

Volver

Cuando los críticos se van, al actor le cuesta mucho menos llorar y ser auténtico. Así quizás hace los mejores papeles de su vida. Cualquiera que lo vea en ese momento va a sentirse conmovido. Nadie se olvida de las emociones fuertes, propias o ajenas. También está la cadena de emociones, que así como los vómitos, uno dispara primero, y quien lo ve, lo sigue casi por reflejo.

Cuando vivo situaciones fuertes, tristes o felices, es como si no estuviera ahí. Esas sensaciones quedan en el aire y cuando vuelvo, inevitablemente aparecen autoproclamados testigos que son en realidad vecinos cholulos, que, basados en una idea de algo que escucharon o creen haber visto, completan esa imagen y transmiten una historia cerrada. Esa parte testigo, más la parte de mí que desde su casa mirando el noticiero en calzoncillos compró esa versión, memorizándola con ganas para después tener de qué hablar en el trabajo, termina haciendo un monstruo idealizado de esa sensación original.

Entonces, como si no alcanzara con la intensidad del momento, incorporado sin filtros en ese momento de vulnerabilidad y entrega, se suma el repaso de lo vivido, no de fuentes confiables, sino una versión de una versión de una versión de quien creyó haber visto lo que otro creyó haber escuchado.

Días más tarde, estoy arriba del colectivo y paso por la esquina en la que pasó todo. Un paisaje que vi en el noticiero, que un día antes era una esquina más y ahora es la esquina de tal cosa, en la que estuve con ella o en la que él me dijo esto otro. Ese cruce de calles, ahora con tanto significado, me genera cosas, me hace volver al momento, pero no para revivir exactamente lo vivido, sino para representar un guión de ficción basado en hechos reales que escribí desde mi cholulismo, con ganas de sentirme importante en ese momento.

Muy complejo parece, pero es tan simple como dotar de significado a las cosas, relacionarlas con mis momentos, y decir que una esquina es triste en lugar de darme cuenta de que triste es la sensación que me generó lo que viví en ese lugar y que todo lo que mis sentidos recibían en ese momento quedaron bajo el mismo título.

Hoy vuelvo a escribir acá. No es cualquier lugar, es el pasillo por el que salieron tantas cosas de mi cabeza mientras pasaban cosas.

Me encanta y alegra por un lado. Me cuesta y me da miedo por otro.
Espero que sea el principio.

Las experiencias traen pensamiento. Los pensamientos traen experiencias que ya sólo se viven desde el filtro de los mismos pensamientos, que no pueden deshacerse, pero pueden cambiar, mutar, crecer y deformarse.

Viene bien cambiar. Es otra temporada, veamos si provoca el mismo revuelo entre los vecinos.

Esto es lo que hay que saber antes de salir de casa.