Ecológica
Está el adentro y está el afuera. La condenada puerta de la que salen cosas por donde quieren entrar las otras. Se corre el cero enfermamente y lo bueno pasa a ser lo obvio, lo obvio pasa a ser lo malo, y lo malo pasa a ser lo impensado.
Eso leen los que corren por el mundo y lo convierten en su nueva realidad. El aire no se cuestiona. Peor, el aire no se termina. Hasta que se termina.
Ahí aparecen los grupos que vienen a educar a los negligentes, a los descuidados y a los ignorantes. Los van convenciendo, diciéndoles cómo vivir, qué comer, si tener hijos o no, si dormir con la ventana abierta. Todo bien, hacé lo que quieras, pero si no me gusta, me siento en la puerta de tu casa y te grito hasta que vengan los medios a tomar tu declaración obligatoria.
Así que ahora el aire no es tan infinito ni tan renovable. Y si lo es, es gracias a los que dan su vida para eso, mal agradecido de mierda que ni deberías estar pisando la misma tierra que ellos.
El punto es que ven una situación de emergencia donde en realidad hay un nuevo estado.
Entonces, en lugar de exigir cambios drásticos, deberían llamar al diálogo de los que quieran participar y reorganizar su forma de vivir.
Estarán los que se nieguen, que o, terminarán creando una fuerza de resistencia, o encontrarán otro lugar para vivir. Pero sin darse cuenta irán cediendo en pequeñas cosas impuestas por los autoproclamados pobladores responsables.
En definitiva, es culpa de todos.
De los más tontos, que vivieron derrochando hasta darse cuenta de la escasez verdadera y de las más inteligentes que, sabiendo de lo limitado de todo, vivieron para demostrar dos cosas:
Uno, que la mayoría manda. Siempre.
Dos, lo que todos más tememos: es mentira eso de que todo vuelve.

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