miércoles, noviembre 30, 2005

El efecto Senna

Discutidas son las teorías sobre la evolución humana y mucho no me importa. Sé que me está costando escribir y sé que me siento como un mar de un planeta con seis lunas. Pero hablemos de evolución. El dedo meñique no se va. Y yo sostengo que hay una razón para esto. Clarísima razón. (Escribo esto lentamente porque tengo alzado frente al teclado el índice de mi mano derecha, enfatizando el "clarísima").

Mientras existan mesas y escobillones o gente a la que no le importa ensuciarse los pies, existirá el condenado accidente del choque frontal del dedo meñique del pie contra la pata parsimoniosa, pero con una sonrisa. Y, dice una revista de interés general, que el 80% de los seres humanos culpan a la mesa.

Puede que tengan razón si es verdad que la muerte es un proceso largo. Si así fuera, es esto obra de un árbol piquetero y su deseo cumplido de "me encantaría caminar". La mesa se mueve un centímetro y Steve Wonder muere desnucado.

Pero vamos a la práctica. La mesa está ahí. Nada. Inerte. Desalmada. Y el dedo se rompe por la torpeza infinita de Koji Kabuto. Un mal cálculo y la euforia que invade la cabeza bien podría compararse con la felicidad. Inexplicable, intensa, devastadora.

Mesa de mierda para no convertirme en pelotudo. Pero la mesa es el espejo. Y el disparo hacia afuera que rebota y vuelve pega más fuerte.

Me cansa sin embargo que siempre pierda la mesa. Más me cansa que cuando pase el terremoto todos rían del suceso, como si nada hubiera pasado. Y años más tarde miran a sus hijos menores de cinco y les dicen me-sa, me-sa. Y después viene lo de "mientras estés en mi casa", pero eso lo escribí de bronca.

Al final, pobre Ayrton. Pared de mierda, o auto de mierda, o pista de mierda o lo que sea. Basta con que la culpa sea de algún factor externo para que deje de ser mi héroe del día.

Accidente: Evento cuya explicación verdadera incluye la aceptación de nuestras limitaciones más vergonzosas mientras nos recuerda que sólo existe la mala suerte, no así la buena, que queda reservada para los mediocres.

miércoles, noviembre 09, 2005

Siri alquila

Carolina del Norte, 1999. Alicia Goodman volvía a casa después de una larga jornada laboral. Trabajaba como mesera en "Lenny´s", paso obligado de centenares de camioneros necesitados de un momento de compañía. Aquel 11 de junio había sido un día normal, sin disturbios, sin sobresaltos. Pero Alice, como la llamaban sus conocidos, no sabía que se toparía cara a cara con quien ya se había convertido en terror del condado: "el caminante".

El caminante la violó, la cortó en pedacitos y la metió en un tubo de Pringles, pero eso no es importante. Es importante que, como todo asesino serial, de acuerdo con lo que dice el chino de "Law & Order", busca ser atrapado. Deja numerosas pistas para que alguien lo descubra y termine con su calvario. De alguna manera, sus malas acciones son pedidos desesperados de ayuda.

Todos tenemos un "El caminante" adentro, justo al lado del niño. Muchas de nuestras acciones buscan reacciones. Quizás no conscientemente, pero es la forma de sostener nuestra la moral que nada en una pecera de morales, que tiene afuera un cartelito que la define.

Con acciones bienísimas buscamos reconocimiento, éxito hacia afuera que termina siempre en forma de líquido azul para que funcione el motor de nuestra acción siguiente. Con las malas buscamos el castigo, el mal mayor que nos demuestre prácticamente que los atajos inmorales son más cortos porque llevan más cerca.

"El caminante" es un tonto o un cobarde. Héroe de nadie. Es sólo un pibe que no se detiene por miedo a estar quieto y avanza por lugares con límites impuestos por otros, forzados por él.

El chino puede estar equivocado, ojo. Y "El caminante" ser un amante de la violación de tetonas, las Pringles y las Victorinox, sólo que un poquito torpe al punto de dejar pistas para que alguien que no piensa igual lo invada en nombre de lo que llama el bien común.

Volvemos al principio con dos nuevas verdades. El miedo no es bueno. Hay que parar de vez en cuando. Si no, los hospitales serían grandes salas de emergencias y nada más.

Tengo que sacar turno con el dermatólogo.
Es bueno estar de vuelta. Bienvenido. Gracias.
Abrazo. Fundido a negro. Empieza la música y pasan los nombres.
Qué de actores, ¿e?