El condenado cero El juez leyó la sentencia que a nadie le pareció lo dura que tenía que ser. Los años pasan más rápido afuera. Entre tanto insulto se gritaba la palabra perpetua, que, salvo en la cabeza del condenado, subrayaba que veinte años después todavía puede existir la vida por delante y una segunda oportunidad para llegar adonde nadie llegó nunca. Se había leído en los diarios que no había celdas ni presupuesto para que los nuevos presos fueran a una cárcel común y se estaban evaluando alternativas que evitaran decisiones retroactivas que pudieran sentar precedentes peligrosos. Para suerte o desgracia del condenado, le tocaba ser el primero en vivir las consecuencias de la innovación forzada. Buscando una solución que pudiera extenderse a los futuros delincuentes sin distinción del delito, se inventó una Comisión mixta que se llamó 'de Alternativas Penitenciarias'. Formada en partes iguales por organismos de derechos humanos, personal de la policía, del poder judicial y ciudadanos comunes elegidos entre unas docenas de voluntarios, la Comisión propuso una salida muy criticada por atrevida, a pesar de que la defendía la lógica. Las cárceles iban a ser lugares exclusivos para quienes estuvieran cumpliendo condena de por vida. Para el resto, incluido el condenado cero, se aplicaba el nuevo sistema: el culpable estaba obligado a elegir un trabajo cualquiera que iba a cumplir en forma remota desde su lugar de reclusión por el tiempo que durara su condena; su desempeño en el trabajo, evaluado mensualmente, fijaba un nivel de ingreso que se dividía en cuatro categorías; una parte importante de ese ingreso sería destinado a un impuesto en cuotas, a manera de multa, descontado el mismo día de pago; con el resto del salario, podía el condenado elegir el lugar en el que iba a cumplir su pena; fue este el punto más cuestionado por la prensa y el público; a los términos 'cárcel común' y 'cárcel de máxima seguridad', se agregaba el de la 'casa segura'; en este lugar, el nuevo preso podía recibir dos tipos de visitas: durante la semana incluido sábado sólo de la pareja que hubiera declarado al comenzar la condena, autorización irrevocable e intransferible, para evitar cargar de trabajo menor a los juzgados, y los domingos entre las once y las seis de la tarde, un círculo íntimo libre pero limitado a una cantidad de tres personas adultas o dos personas adultas y dos menores; la comida sería adquirida por teléfono en forma semanal y entregada dentro de las veinticuatro horas siguientes, previo cobro por débito automático. La Comisión explicó que de esta manera se protegían los derechos humanos a partir de un trabajo digno y una vida en familia y de mejor calidad, y que no había camino más corto a la reinserción social que una reinserción social controlada. Como beneficio adicional, se publicó el detalle de los recursos de todo tipo que se ahorraba con este nuevo sistema. 'El espíritu del proyecto es que el delincuente pierda sólo su libertad, sin dejar en el camino dignidad, salud mental y física', dijo en la televisión el juez de turno, vocero de la Comisión. Mientras el condenado cero probaba la vida en la que se había encerrado por veinte años, se organizaron marchas en dos sentidos. Unos indignados con la condición de vida cómoda de estos delincuentes que merecen sufrir lo que hicieron sufrir. Otros pidiendo que se les diera acceso a los mismos derechos de esta gente que por el camino del mal llegó a un trabajo digno y a una vida de autosuficiencia. De a poco, las distintas cámaras de empresarios y comerciantes fueron trabando acuerdos con el estado para que, a cambio de exención de impuestos y otras condiciones favorables, otorgaran puestos de trabajo a los nuevos llegados al sistema. Al tiempo, tanto delincuentes como beneficiarios del plan no encontraban razones para abandonar el camino que ellos mismos habían elegido y renovaban, una y otra vez, sus contratos con los empleadores. Más tarde, se fueron liberando las cárceles, por la muerte o conmutación de penas de los condenados y rompió récords todos los meses el superávit estatal. En el futuro, el sistema no sólo había logrado garantizar una mejor calidad de vida para los encerrados, sino que por efecto rebote sirvió para reducir el índice de criminalidad a niveles nunca vistos. En su octavo año de condena, el condenado cero fue encontrado muerto junto al cuerpo de su mujer. Según el informe forense, se suicidó después de desesperados intentos fallidos por salvar a su esposa, que había ingerido una cantidad letal de analgésicos mezclados con alcohol.
En mis palabras
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