Un año
Hay un problema cuando el tiempo se vuelve cosas.
Cuando un día visto con los ojos cerrados es el cajoncito con un final que no se entiende bien dónde termina y estaba así cuando llegué, entonces no se cambia. Los años se miden en velas y las personas en logros. Gran, enorme error de lectura que nos empuja a dar más cosas por sentadas, a suponer que los bordes de los cuadritos del cómic tienen que algo que ver con el reloj.
El problema es que el miedo al desorden le gana al amor natural al orden. La estructura sostiene en lugar de contener.
Orden y progreso, dicen los vecinos que siempre tienen el pasto más verde, y la razón que tienen.
Después dice el dotor que el equilibrio es salud, que guarda con esto, que la calidad de vida se construye y que la prevención es mejor que el tratamiento, como si fueran cosas diferentes. La hiperconciencia nos divide y crea hipocondríacos. De los de las enfermedades y de los de todo lo demás. El mundo cambia lo diet por lo light para no mentir, dicen, y dan un paso para adelante en el precipicio de la verdad.
Llega un punto en el que los carteles de cuidado tapan el paisaje. Al final, se entiende por qué mejor la quietud que el movimiento. Viajar pareciera ser saltar de una piedra a la otra con el mapa de ida.
Llegará el día en el que podamos cruzarnos con alguno sin necesidad de darle la tarjeta personal que dice lo que somos. Terminaste en esto, hacés lo tuyo y qué suerte que tenés. Afuera las injusticias mayores que nos ponen en un lugar de justicia que estamos obligados a agradecer. Si vivir no fuera lo lindo que dicen que es, acostumbrémonos a los señaladores lisos.
No sé son malas palabras. En el norte abusan de la resolución del año nuevo. En el sur de dejar atrás lo que pasó. Siempre un punto de referencia. Siempre un parámetro a la vista. Siempre un indicador que va a parar a nuestro boletín para que firmen nuestros tutores que nos echan en cara cuando pueden el esfuerzo que hicieron para que estemos donde estamos.
Pasaron años de la nada misma. Fue mi manera de negar esos parámetros. Ahora están. Aparecen con la gente que me rodea y no hacen mal.
Ayer escuché palabras de fe que, frente a un pasado complejo, negativo y jefe, respondían "renuncie a todo eso". Una revelación. Se puede renunciar. Es gracioso hacerlo cuando está aprobado. Se siente delito inventado, adrenalina de álbum de vacaciones.
Se vienen tiempos mejores. Ojalá quede lugar para profecías autocumplidas. Parece un tratamiento efectivo para la vida más buena.
Orden y progreso. No en ese orden.

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