martes, agosto 11, 2009

No cierres tus ojos

El mundo piensa en cinco sentidos, salvo cuando habla de algunas mujeres o de amigos de Brusgüili. Mucho documental filmado, mucho libro escrito y mucho otorrinolaringólogo canchero porque cubre el 60% del rubro.

Yo empiezo a entender que es uno solo.

Suena esta canción y ahí estoy yo, en medio del principio de la fiesta, mucho más tímido que ahora, mirándola de lejos en la oscuridad intermitente, fantaseando con la promesa de hablarle antes del próximo lento, quizás el último. Y apoyo mis manos en la cintura y me sorprendo de encontrarme en camisa escocesa planchada, adentro del pantalón de jean. Todo tan ajeno ahora. Probablemente un suéter en los hombros, porque mamá me pidió con cara de esto solo te pido que no lo pierda. Pero no es tan terrible, porque hay otros en la frecuencia Ken.

Igual, ahí estoy, solo y quieto, como posando para mi yo de ahora, para darme tiempo de adivinar todo lo que pasaba por esa cabeza de 10 años, tapada por un corte que no elegí, mirándola fijo a ella, sin darme cuenta de que cada minuto alimentaba la sensación de fracaso de más tarde, la sentencia de que mejor arrepentirse de lo hecho que de lo no intentado y la envidia de cualquier personaje de película de universidad que terminaba dándose un beso con la chica del poster después de vueltas descontroladas del destino.

Ella no me ve, ni chico ni grande. Aunque esté oscuro, sabe que la miro, pero sigue en su mundo de chica popular. No huele mi colonia, no sabe de mis ganas de probar el sandwich de miga que se afina húmedo en mi mano, o un trago de jugo diluído, frío sólo cerca del hielo, en el vaso apoyado en la mesa al lado mío.

Y yo grande me pregunto, sentado a un costado, por qué no hay registros de la siguiente canción o de la anterior. Por qué esa sola nada más. Por qué la recuerdo a ella con tanta precisión y no puedo recordar cómo volví a casa ese día, ni con quién intercambié palabra, si es que lo hice.

Qué conexión extraña llenó el cajón en mi cabeza con tantas cosas que no van a cambiar.

Y Pensándolo mejor, me doy cuenta de que el cajón es mucho más grande. Y que este recuerdo es la capa exterior de un mundo de sensaciones menos concentradas: la síntesis de una época. Un vaso terminando de llenarse para pasar a servir en el que viene.

Conozco el universo paralelo 1985. Estuve ahí y no me cuesta completar lo incompleto, aunque para eso tenga que hacerme de elementos de otros universos. A esta altura no me daría cuenta tan fácilmente.

De una cosa estoy seguro. Si efectivamente yo grande estuviera sentado en esa silla cerca de la ventana, mirándome, mirándola, teniendo la posibilidad de llamarme y recomendarme el próximo paso para llevarme una mirada con sonrisa de ella a la cama, definitivamente eligiría no hacerlo. Ganar esa sonrisa sería perder este recuerdo pentadimensional. Pero mucho peor, sería perder la posibilidad de sentarme ahí de grande haciendo que me sienta menos solo de chico.

No pienso en placer por contraste. Pienso en los cinco sentidos, para que cuando vuelvan a ser uno, la sensación pueda ser mucho más plena.

Ahora este momento se volvió la capa exterior. La misma canción suena, y sin embargo me siento mejor. Hice de la canción una puerta para visitarme en el otro universo. Hice a la chica mucho más hermosa cuando no le hablé.