El tuerto en el reino de los mogólicos
Todo es actitud. Y el secreto de la actitud correcta es la buena autoestima, el comienzo posible de un círculo virtuoso. La pegás en el diagnóstico, medicás, mejorás, la pegás en el diagnóstico.
En la nuca tengo un tatuaje que dice: No es posible contar con todos los elementos para juzgar, así que es todo prejuicio. Sí, tengo la nuca grande. Efecto de los batazos, puede ser.
Así vamos por la vida prejuzgando. Y uno de los prejuicios más importantes de la vida es la autoestima, porque nuestra relación con nosotros mismos determina los límites del planeta. Y segundo, la estima. Porque la relación con los demás, afecta directamente la relación con nosotros mismos, y viceversa.
Salgamos del loop.
Conocemos a alguien. Nuestro nivel de resentimiento por default nos hará pensar bien de él, o pensar mal. Darle el 10 para que quizás reste, o darle el 0 y que se ocupe de sumar. Después, nuestro prejuicio constante modifica el contador. Y está la gente 10 puntos, la gente 4 y la gente 1. Los estimamos a todos.
Hasta que llega el opinólogo y dice: "che, estás siendo demasiado duro con los demás y poco duro con vos, ¿no?". Y baja un punto. ¿Cómo puede ser capaz de llegar tan adentro de mi cabeza cuando ni siquiera yo puedo publicar el mapa homologado?
Estimamos diferente, gente. Yo me estimo así, y con la misma lógica los estimo a todos ustedes. Con la misma lógica. Y con ese reglamento en la cabeza, convivo.
Esa aparente alta exigencia es quizás la reacción a la baja exigencia recomendada por el entorno, aduciendo diferentes discapacidades que yo no veo como tales. Es mujer, es de la provincia, la mamá le pegaba, recién se separó, es tu padre, etc.
No funcionan para mí. Son gente. Cada uno en su pecera. Todos con las mismas chances, todos con un mismo reglamento general.
El que subestime o sobreestime a conciencia, es un flor de hijo de puta. El que lo haga sin quererlo, no lo está haciendo en relidad. Hay que aprender a respetar el sistema estimativo. Lo que se aplica en uno, se aplica en todos. Indefectiblemente. El que no, es un enfermo o una persona deficiente.
Pero no soy nadie para hablar de casos concretos. Los sistemas chocan y se define lo normal. Todos nos cagamos en los límites de todos.
Mientras tanto, yo escribo porque necesito decirles esto: los estimo mucho. Y hablo del tiempo que me lleva hacerlo, de lo transparente que quiero ser, natural.
Vos querés decir armonía, me dijo Martín. Es cierto, yo quiero decir felicidad.
