Oíd mortales
Definitivamente hay un fluir de las cosas. Cuanto más natural la cosa, cuanto menos intención y criterio, mejor sintonía: todos contentos.
Pero obviamente no funciona. La fábrica de los carteles de "no funciona" emplea a la mayor cantidad de gente del mundo. Además, no funciona. Pero zafan porque eso dice el cartel en la puerta.
Simplificando como me gusta, voy a decir que todo parte de inseguridades personales, asuntos irresueltos con uno mismo.
Cuentocorto:
Edgardo tiene las uñas de los pies amarillas, muy amarillas. En el colegio lo jodían. Tanto que aprendió a preferir la montaña antes que la playa, para no andar descalzo. Tanto que nunca aprendió a nadar. Tanto tanto que no sabe lo que es dormir sin medias ni practicar taekwondo.
Un día conoce una chica. Hermosa mujer. Edgardo tiene lo suyo, así que, con los zapatos puestos, va y la conquista. Empiezan a salir. Todo lindo hasta el día del jonrón. Ahí Edgardo improvisa y asegura que le gusta quedarse a medio vestir cuando hacelamor. A Beba (así se llama la chica) le gusta también, así que va para adelante. Enamorada Beba. Lo suficiente como para nunca darse cuenta de que Edgardo salía de bañarse con la toalla y medias puestas. La costumbre hace que Edgardo pierda ese miedo conciente de que le miren los dedos de apariencia podrida.
Todo marcha viento en popa, los amigos dicen que están muy de novios. No hay banco de la plaza sin el "Edgardo Y Beba". Llevan dos años saliendo y se da la oportunidad de que se vayan juntos de vacaciones. Sale Bariloche. Zafó Edgardo pero sin darse cuenta. Tan internalizado esto de que prefiere la montaña, que ya no se relaciona con sus uñas. La pasan retebomba y durante el viaje E le propone casamiento a B, anillo barato y todo. B dice que sí y llora mientras hacenelamor, elamor.
Cuatro años de casados. B ya vio las uñas de E en sus fotos de niño, incluso alguna vez en persona, pero no se anima a preguntar. A ella le gustan los pies en general, le encantaría que él le haga lo que uno vez le hizo un compañero de trabajo cuando a ella le interesaba el sexo casual. Pero no pide nada, no quiere arruinar lo que ya tiene, no vale la pena. Después de todo, lo de los pies es una enfermedad de ella, como dice su amiga Nina, la que se le caen mechones de pelo cuando estornuda.
Pasan años, nacen hijos, etcéteras lindos y feos. Un día se pelean mal porque a Edgardo se le traspapeló la boleta del ABL y Beba no le puede decir al de la basura que ella le paga el sueldo. Discuten y en medio de todo se escapa un "Y VOS, CON ESOS DEDOS PODRIDOS". Uff. Edgardo no lo puede creer, se le llenan los ojos de lágrimas y hace la nota mental de ir al psiquiatra cuanto antes, mientras grita "CALLATE QUE TU AMIGA NINA ME CONTO DE TUS LOCURAS EL OTRO DIA CUANDO LA VI PARA...". Se da cuenta de la barbaridad. Se separan y psicólogo para todos.
Moraleja: Lo que parece malo puede ser mucho peor, si tenemos en cuenta que Beba es una histérica que pensó varias veces en mandar un mail general en la oficina con asunto "Foot fucking" y Edgardo le dejó una cicatriz permanente a su hijo Mauro cuando lo encontró haciendo títeres con las medias que el tanto necesita. Ni hablar del jefe de Beba que respira la insatisfacción de ella y dice Bebabeba mientras duerme con su mujer Gladys. Y obvio, Gladys duda de su marido. No sabe si es adúltero o pedófilo. Y así va a la verdulería sin corpiño, cosa de sentirse más apreciada. Cada vez que la ve el carnicero pone el aire condicionado al máximo y se llena la boca de saliva pensando en la palabra timbres. Tanta saliva que la larga para el costado, justo cerca del tacho en donde guarda algunos cortes que después comemos todos.
La vida misma.
Lo que no fluye se acumula en algún lado y va a parar a un objetivo equivocado.
No se toman decisiones. Y la única ilusión de fluir está en ceder todo el tiempo. En creer que fluir es flotar en el río y que te empuje hasta la cascada. O creer que "ybueno, yo soy así, si no les gusta joda", casi al mismo tiempo en que se dice "qué bárbaro estos políticos como roooban".
La libertad es un club en el que conviven la paz, la buena comunicación, la transparencia, la buena fe, la naturaleza, la autoestima, entre otros. Con que uno de los socios se vaya, el club pierde autonomía económica y pide préstamos para seguir existiendo. Sigue funcionando como institución, la gente va y todo, pero se terminó el sentido de su existencia.
La libertad termina siendo un peso demasiado grande para los que quieran tomarla.
Y lo peor, los pocos que pueden convivir con ella, estar a su altura, la ven morir en manos de los mortales, a los que no pueden matar porque así lo dijo el tipo ese al que mataron.
