Irresponsable
Cierro los ojos el tiempo de diez parpadeos juntos. Cuando los abro estoy en la cama de arriba. Tengo 15 años difíciles. Es domingo, principios de Marzo. Hace un ratito terminé de comer mis hamburguesas y prendí la tele, que ahora está en avisos. Miro al techo y mi cabeza se descontrola. Mañana es lunes y vuelvo al colegio, primer día del tercer año. No quiero ir. Me aburre el colegio, me duele. Fijo la vista en la gaviota que cuelga del techo. Junta polvo y anécdotas de chicos que se aventuraron a pararse en las alturas para verla volar. Quizás en ese momento tomo conciencia de todo. No puedo entenderlo todavía, pero lo siento. Guiño un ojo y apunto el índice de mi mano derecha al extremo de las alas del bicho de madera. Como si lo dibujara sigo el borde, cortándolo del techo casi blanco. Así le doy más de tres vueltas, sintiéndome solo, incomprendido incluso por mí. Cierro los ojos antes de escuchar que terminan los avisos.
Abro los ojos y es de día. Debe ser muy temprano. La casa está en silencio. ¿Cómo hacen todos para dormir tanto sabiendo que en el living están los regalos esperando? Sin reparar en el sueño de mis hermanos, salto de la cama. Camino rápido al living. En el fondo, prefiero que nadie se despierte. El momento de la sorpresa va a ser para mí solo. Y estando solo no hay filtros. Las luces del arbolito están prendidas. Los colores reflejados en el piso de madera me contienen. No me detengo a pensar por qué. Miro mi lugar. No puedo creerlo. El muñeco es igual al personaje de la televisión. Y no está solo. Hay más cosas. No puedo con tanta felicidad. Ahora sí, quiero que todos se despierten, pero para ver qué les trajo a ellos. Puedo ver, sin embargo, que a mi hermano le trajo el archienemigo. ¿Habrá querido decir algo? Qué importa. Es igual. Aprieto la caja y cierro los ojos.
Es el 2001 cuando vuelvo a vivir. Estoy sentado en las mesas de afuera del lugar barato para almorzar. Me acompaña ella. La miro y me produce tanta confusión que no puedo ocultar el miedo atrás del amor que siento. Me dijo muy claro lo que quería y me pareció inobjetable. Somos novios, basta de inventos. El otro mira, feliz, amigo, parte. Nos vio crecer hasta ahí. El laburo de mierda no interesa, es laburo. Yo soy músico y lo demás es desorden. Momentos de dolor y de placer. La magia del contraste. La casa extraña de los libros revueltos y la cercanía a una relación con El que estoy inventando por completo, pero con fe total. Conversamos de temas triviales, siempre encarados de formas tan divertidas. Los negros bailan bien porque son descendientes de los esclavos. Es verdad, pienso satisfecho, y cierro los ojos.
Los abro y es ahora. Nunca la tuve tan difícil. El pasado me resulta amistoso, quizás porque lo conozco cada vez mejor. El presente es el nunca la tuve tan difícil. Y pienso en esto de romper el tiempo, en la teoría del Ultimo momento. Desesperante.
Pero qué linda canción.
