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Es como un aire acondicionado con termostato. Parece apagado, pero no. Va regulando en función de la temperatura programada. Si el clima va bien, cuando uno está a gusto, el aparato trabaja poco. Son ajustes casi simbólicos, como decir acá estoy, todavía funciono.
Últimamente hay dos graves problemas dando vueltas. Uno es que el clima está terriblemente difícil. Mucho frío casi todo el tiempo que hace doler las manos y contrae los músculos violentamente. Tan lejos de la relajación. El otro problema es un mandato del capo que pide, pero casi ordenándolo, que aflojemos con el abuso de energía, porque parece que se necesita para otra cosa. Nunca sabré para qué.
No se puede apagar. Y menos mal, porque si se apaga voy a estar muerto en el peor de los casos y totalmente a merced del clima en el mejor. Paso a las dos. Casi que me sale festejar un poquito por la existencia del Standby.
Me pregunto si se podrá engañar. Bueno, la manera más clara (y la he hecho) es calentar el ambiente de otro modo. O enfriarlo si la cosa viene de calor. Pero es muy fino el límite entre estas cosas como parte de los correctores del clima y como mismos generadores. Digo, el acolchado puede terminar con el frío mientras empieza a dar un calor insoportable.
No puedo hacer nada por el momento con mi relación extraña con el clima. Cuando todos piensan que debería morirme de frío, me siento bien. Y cuando todos festejan las correntadas cálidas, yo puteo, aunque no siempre. Recuerdo fantásticos días de calor.
Tampoco puedo apagar el equipo. Demostrado está. Incluso tuve momentos de trabajar con doble equipo. Agotador. Uno contrarrestando la disfunción del otro.
Puedo sí buscar abrigos y refrescos en el afuera. Se lee placentero, pero ahí entra la competencia entre necesidad y deseo. No quiero necesitar bolsas de agua caliente ni hielo. Quiero disfrutarlos como si fueran mi día uno de rescatado de la isla desierta. Grasa, siempre. Pero auténtico como los CD con holograma.
Entonces de vuelta al principio, para variar. A masterizar el funcionamiento en su justa medida. Inevitable. Siempre puedo pararme en otro punto de la habitación. Y reaccionar un poco más tarde. Condenada sensibilidad.
Espero no parar.
